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Hasta hace algo menos de un año la mayoría de las trabajadoras sexuales de este lugar eran colombianas la prostitución no es ilegal en este país , pero desde entonces en los ocho bares de la zona apenas quedan tres o cuatro mujeres locales, dicen quienes trabajan aquí.

Su asociación se encarga de brindar apoyo a las mujeres que se acercan a ella. Todos los lunes, o casi todos, Paola envía dinero a su madre en Venezuela. Ella se quedó a cargo de su hija de cuatro años. Paola no quiso traerla y tener que dejarla al cuidado de desconocidos cuando fuera a trabajar.

Es difícil, murmura con cara triste, tenerla lejos. Para la niña también lo es: Hay veces que no terminas haciendo nada. Pero hay otros que son lo peor, pues ". Tiene 19 años, o dice tenerlos. Llegó a Saravena antes que Paola y recorrió otras zonas fronterizas antes de decidir que este pueblo le resultaba mejor: No tiene hijos como Paola, pero le envía dinero a su madre. Entonces le tocó asumir del todo la manutención de sus cuatro niñas de 4, 6, 8 y 10 años.

Es una carga fuerte la de Rocío. Pero la comida empezó a escasear y lo que se conseguía con los revendedores se volvió imposible de pagar. Ya no me alcanzaba lo que ganaba, ni que trabajara de lunes a lunes.

Eso es casi el equivalente a un sueldo mínimo en Colombia y a 3 sueldos mínimos en Venezuela. Por cada encuentro sexual, Rocío cobra 40, pesos 12 dólares , pero si la contratan para toda la noche bajo una modalidad que las trabajadoras sexuales denominan 'amanecida' son , pesos.

O sea, la mitad de lo que manda a su país cada semana. Con suerte, en dos amanecidas resuelve lo del envío. Si no, le toca reunir lo que obtiene por acostarse con ocho desconocidos.

Eso sin contar sus gastos. Algunos no te dejan dormir y hay que complacerlos. Pero hay otros que buscan compañía, que alguien los escuche y los consienta y para eso soy buena. Por esa forma de ser me quieren y me protegen mis amigas, porque no me busco problemas con nadie y respeto la tarifa. A mí nadie me había dado tanto cariño como lo han hecho las mujeres colombianas con las que trabajo en la calle ", asegura Rocío. Regresa a su esquina, en la calle cuarta con carrera primera de Santa Marta, diagonal a una casa colonial donde se hospeda.

Solo se ven tres hombres sobre los muebles rojos, entre ellos el dueño del bar que prefiere no revelar su nombre y asegura que ahí no trabajan prostitutas de nacionalidad venezolana porque la mayoría carece de documentos colombianos y las multas que impone el gobierno por contratar personas en condición irregular son de casi de 2 millones de pesos unos dólares. En el Parque Simón Bolívar hay dos chicas con ropa muy ceñida: Una de ellas, Andrea, desmiente al dueño del Bar Bananas y cuenta que ahí trabajan muchas de sus paisanas, igual que en otros tres bares que se llaman Dubai, Reno-Bar y Babilonia.

Ella misma afirma haber trabajado por días en algunos de esos sitios, pero es esquiva con los detalles. Lo destacan como un valor agregado para quienes frecuentan estos sitios virtuales en busca de compañía. Algunas de estas mujeres no siempre responden porque en cuanto hacen cierta cantidad de dinero se regresan a su país y vuelven cuando se les acaba. Quienes se dedican al negocio en la zona desde hace años se sientan amenazadas por las nuevas trabajadoras.

Claudia, como me pide que le llame, dice tener 14 años vendiendo sexo en esa ciudad turística, desde los Es nacida en esta región del Caribe colombiano y se siente amenazada por la presencia de extranjeras en su zona de trabajo:.

Han dañado la plaza. Son muchas y quieren cobrar barato. Hay algunas que tienen tanta necesidad que se van con un hombre por 20, pesos 7 dólares y pagan ellas la pieza. Las locales sabemos que por menos de 30, nos estaríamos regalando. Lo que pasa es que ellas cambian esos pesos a bolívares y les parece una millonada.

Al contrario de lo que sucede con Claudia, los venezolanos que se dedican a la prostitución en Colombia no piden que se les cambie el nombre. Ellos ya lo hicieron. La autoridad migratoria hace énfasis en que ellos no persiguen a personas de alguna nacionalidad en específica ni tampoco se enfocan en deportar o expulsar a quienes estén realizando alguna actividad puntual sin permiso para ello.

Todo lo que hacen es cumplir con su deber: Esos migrantes permanecen en un país ajeno, sin derecho a salud, educación, programas sociales ni identidad.

No pueden exigir nada, ni siquiera justicia. En un hotel en Barranquilla se hospeda temporalmente Ricardo, un venezolano de 27 años que cobra entre , y , pesos por una hora de sexo de 40 a 50 dólares. Tiene un cuerpo con bonitas formas ganado a fuerza de horas de gimnasio y una cara joven que le podría facilitar la labor de conquista en cualquier escenario.

Pero no le interesa una compañía sentimental. Le perdió la fe a la gente, dejó de creer en la solidaridad, en la amistad y en el amor. Trabaja como 'scort' y dice que no pierde tiempo en pendejadas.

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Me han tratado de ahorcar, me han pegado con fierros en la cabeza para no pagarme. O pagan ellas o sus familias. Tiene 22 años y llegó hace seis meses prefiere no decir desde qué parte de Venezuela: En tres fines de semana, había ganado lo que la agencia matrimonial dejaba en aproximadamente mes y medio.

If you read and enjoy our journalism, please consider subscribing today. Los menos afortunados, en cambio, tienen que cruzar la frontera con Colombia y buscar una forma de darle de comer a sus familias y a sí mismos. Dayana, de 30 años y con cuatro hijos, bebe una cerveza mientras contempla a clientes potenciales que caminan la polvorienta calle a lo largo de barracones de madera, bares y prostíbulos.

Engalanada para trabajar con un vestido de colores brillantes, Dayana dijo que antes era administradora de una planta de procesamiento de alimentos ubicada en las afueras de Caracas. Hace siete meses, pasando grandes dificultades para darle de comer a su familia, Dayana, llegó a Colombia en busca de trabajo. Aunque el dinero que ganaba allí era mejor, con el tiempo se mudó a Arauca, un pueblo ganadero de , habitantes en la frontera con Venezuela.

Dayana dijo que a veces tenía que esperar en una cola entre cuatro y seis horas para comprar un paquete de harina. Otras veces tenía que comprar alimentos en el mercado negro a precios exorbitantes. El hambre en Venezuela es absolutamente rampante.

De modo que, mientras las autoridades de inmigración no paraban de perseguir y acosar a las venezolanas que vendían baratijas y pedían limosna en la plaza central de Arauca, las mujeres que frecuentan la zona de burdeles dicen que rara vez se ven atormentadas por la policía. Las 12 mujeres que trabajan para él son venezolanas. Al poco tiempo, el padre de uno de sus amigos le propuso que consiguiera dos damas de compañía para unos empresarios de una multinacional europea que estaba a punto de entrar al país.

Tras un corto periodo de duda, Gamba pensó en un par de paisas voluptuosas que había rechazado para la agencia. Las dos mujeres salieron el viernes con los europeos. Afortunadamente, las paisas tenían amigas. La historia se repitió los dos fines de semana siguientes. Las paisas cobraban En tres fines de semana, había ganado lo que la agencia matrimonial dejaba en aproximadamente mes y medio. Al poco tiempo, se retiró de Ingeniería Industrial y dejó de lado la agencia matrimonial.

Se concentró en el negocio que bautizó Flirt en e inició Administración de Empresas en la Universidad Sergio Arboleda. Tras un par de años, se hartó de los domicilios, así que arrendó una casa cerca de su apartamento. No mucho después, compró la sede actual de Flirt.

El personal de la casa, una hostess y un administrador reciben clases de inglés en el Instituto Cambridge. El aguardiente es uno de los tragos menos pedidos. No hay bouncers o equipo de seguridad, y solo se aceptan clientes con reserva. Se cierran licitaciones entre políticos y empresarios, y deportistas, actores y esposos de modelos ocasionalmente visitan el lugar.

Hace dos años, un grupo de petroleros pagó una cuenta de 38 millones de pesos, el precio de un automóvil nuevo de gama media. Este año, Gamba quiere organizar una fiesta en un yate privado en Cartagena, con un costo de dólares por persona. No obstante, priman las minifaldas y los escotes desmedidos.

Existen cuerpos para satisfacer a cualquiera. Hay cuatro habitaciones con características especiales. La Suite Flirt tiene un jacuzzi de los años ochenta que revela el pasado del lugar, hace un par de décadas, la casa de fiestas de un esmeraldero. La habitación G-Spot tiene el skyline neoyorquino dibujado en la ventana. La mayor parte de la clientela es colombiana, pero Gamba aspira a atender a una mayoría de extranjeros en un futuro próximo. Cómo es vivir en un prostíbulo. Mira de reojo sus escotes envuelto en una chaqueta gris brillante.

Un piso arriba, dos mujeres en diminutas tangas posan de espaldas para un fotógrafo y su trípode. A pocos pasos, un chef vigila un asado.

Algunas modelos bailan frente a la chimenea al ritmo de La pantera mambo, de La A la media hora, el de la chaqueta sube a una habitación. A su lado, Karen, de 30 años, se acomoda un vestido largo escarlata que permite entrever dos esculpidas piernas morenas e imponentes tetas carentes de caída. Había pepas de Viagra en la mesa y condones por todas partes. Nos han dejado propinas de dólares…. Andrea, la hostess, nos presenta a Sofía, quien acaba de terminar un servicio en el segundo piso.

Ella, una rubia bogotana de cuerpo escultural y labios pronunciados, fue la elegida por un reconocido actor cuando vino a Flirt. Es también la mimada de un admirador que viene desde hace cinco años. Puta pobre por Alfredo Molano. Se encoge de hombros. Desde hace cinco años, es decir, durante cerca de semanas, ha pagado semanalmente por lo menos entre Los fijos se cogen mucha confianza. Martina frunce el ceño y luego ríe al recordar a un hombre que le pagó por verla orinar en tanto él la espiaba desde las sombras.

En otra ocasión, un cliente pidió por teléfono una mujer de 60 años. Otro pidió poder venir en la mañana a limpiar el lugar bajo las órdenes de algunas de las mujeres. En general, en días malos, ganan alrededor de En los mejores, unos tres millones. En el patio, Gamba conversa con dos extranjeros.

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Estudiaba administración en un instituto universitario pero tenía muchas necesidades económicas y un hijo que mantener, así que cuando la moneda venezolana sufrió una de las mayores devaluaciones de su historia, en eneromigró a Colombia. Unos billetes que no conviene enterarse de su procedencia. En esa minoría nunca pensó estar Adriana. Quienes pasan la prueba, acaban en España, Holanda o Japón, el peor destino para una prostituta. A su lado, Karen, de 30 años, se acomoda un vestido largo escarlata que madres prostitutas prostibulos colombia entrever dos esculpidas piernas morenas e imponentes tetas carentes de caída. El marido no me entiende, yo le digo, mire, que estoy enferma. Lo saben bien Marcela y Sami. Los que deciden arriesgarse, pueden elegir un par de las modelos y agendar una cita para cancelar el valor restante y poder verlas en persona.

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